El desarrollo de la tecnología de la información y la comunicación tiene aplicaciones en todas las esferas de la vida de la sociedad tal como lo hemos visto en los últimos 20 años, y de manera especial en la forma como las personas se relacionan, trabajan, ocupan su tiempo libre, hacen negocios y aprenden. A esto le corresponde cambios profundos en la industria del entretenimiento, en el trabajo, en las negociaciones internacionales, en la producción y distribución de bienes y servicios y por supuesto en la educación.
El proceso de globalización en el que se desenvuelve la sociedad, exige que las personas desarrollen unas competencias que los sistemas educativos que han regido durante años no garantizan, tales como: adaptación rápida al cambio, trabajo en equipo, movilidad laboral continua, manejo de la tecnología de la comunicación, segunda lengua, comunicación asertiva, solución creativa de problemas. Es por ello que la mayoría de las instituciones educativas adelantan un proceso de renovación que incluye, entre otras, las estructuras administrativas, académicas y curriculares, formación de docentes, e incorporación de tecnología de información y comunicación para atender estas nuevas demandas de los usuarios y sociedad.
En este proceso de cambio la educación virtual ofrece alternativas como:
• Ampliar la cobertura del sistema educativo vinculando a personas que no tendrían posibilidades de acceder a programas presenciales por diferentes razones en especial tiempo y lugar.
• Propiciar el cambio en los docentes al formarlos para que diseñen ambientes de aprendizaje; conduzcan el autoaprendizaje y no como planeadores y transmisores de información;
• Apoyar el cambio en los estudiantes mediante la aplicación del aprendizaje abierto y significativo.
• Desarrollar competencias genéricas en estudiantes y docentes relativas a: el trabajo cooperativo y colaborativo; la comunicación mediante los diferentes entornos de interacción; manejo de redes de comunicación; uso de la información para construcción de conocimiento, solución de problemas.
• Contribuir al aprendizaje activo mediante la utilización de diferentes estrategias y recursos.
• Generar posibilidades a las instituciones de abrir sus programas a otros públicos como por ejemplo adultos mayores, profesionales establecidos y empresas, entre otros, para apoyar su proceso de formación para toda la vida.
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